Cuando somos niños soñamos con cosas pequeñas, sencillas.Con helado de fresa, con una muñeca que llora y hace pipí. O esa bicicleta que tiene el vecino del cuarto. Cuando crecemos, nuestros sueños cambian con nosotros y se vuelven complejos igual que nosotros.Pero los sueños se rompen en pedazos cuando se topan de frente con la realidad, porque la realidad es completamente distinta a como uno cree que es. Las personas no siempre son lo que aparentan ser y mucho menos los sueños y esa realidad es la que se encarga de poner a cada uno en su sitio.Lo que uno cree que es negro puede ser blanco y cuando se cree que es blanco suele ser negro.
sábado, 23 de octubre de 2010
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